Mi primera semana en Matituy

Llegué a Matituy después de 12 horas de vuelo internacional, 1 hora de vuelo de Bogotá al aeropuerto de Pasto, 45 minutos de taxi del aeropuerto a Pasto, y 3 horas de transporte en bus hasta Matituy. Cristina y Nicolas me esperaban en la terminal de buses de Pasto con una acogida muy calurosa. Afortunadamente pues no habría podido sola con las enormes maletas que llevaba, llenas de juegos y juguetes, encargos de amigos y familiares, computadores donados por la ciudad de Neuchâtel y algo de ropa y efectos personales para mi estadía de 6 meses aquí.

 

En el camino a Matituy, recibimos los resultados por radio del plebiscito, en el cual los colombianos debíamos votar si estábamos de acuerdo con los acuerdos de paz o no.  Increíble ! paso el NO. No podíamos creerlo…algo tan absurdo, una abstención del 60% y una votación casi igual entre el si y el no, ganando por muy poco el NO. Colombia me recibía con un baldado de agua fría ! Como es posible que los colombianos prefieran la guerra a la paz? Mucho hemos discutido, reflexionado, analizado y peleado entre nosotros. Que ira a pasar ? Que debemos hacer ? La tristeza nos invade.

 

Seguirá la guerra ? que pasará con los acuerdos de paz ?

Con este ambiente de incertidumbre llegué a Matituy. Llegar siempre es un choque, pero esta vez fue mas duro. Esto es otra dimensión,  otro mundo…

 

Cambiar de contexto requiere  un esfuerzo de adaptación : a nivel físico, el clima, las condiciones de vida, la alimentación, las rutinas. Y también a los cambios de roles : en Ginebra , Cristina es mi hija y aquí en Matituy , soy la mamá de Cristina.  En Ginebra , la asociación es Lectures Partagées y aquí es la asociación Suiza de Cristina y Nicolas. Por donde vamos la gente los conocen, los saludan, les consultan, les conversan…yo soy la extranjera que viene de visita, de paso. En los eventos y reuniones a los que he participado, Cristina y Nicolas son los que organizan, hablan, deciden…yo oigo, observo, pregunto, y trato de retener los nombres de todos, para integrarme poco a poco. Se requiere de mucha prudencia con lo que se dice. Por ahora debo ir como sobre huevos, para no causar conflictos, hacer comentarios inconvenientes o llevar la contraria a decisiones ya tomadas. Poco a poco me doy cuenta que trabajar en el terreno es muy diferente del trabajo en Suiza. El trabajo aquí, requiere de una tolerancia enorme, capacidad de adaptación, contacto humano intenso, mucha paciencia, tiempo para discutir y reflexionar y mucha energía…

 

Las mañanas son mas o menos tranquilas, las dedicamos un poco a la casa, la huerta, y planificar el trabajo de la tarde, comentar las noticias, debatir sobre la vida.

No falta una que otra persona que pasa a saludar, a hablar sobre un proyecto, un presupuesto, fijar una reunión, siempre con algo bajo el brazo, un racimo de plátanos, un talego de naranjas, unos aguacates.

 

Las tardes salimos a cumplir con los diferentes compromisos, cursos de música, reuniones de planeación, eventos…

Entre una y otra cosa, discutimos sobre las últimas noticias. A veces dan ganas de dejar todo y devolverse a Suiza. Pero vuelvo a tocar tierra cuando veo cambios concretos y muy positivos con el trabajo que hacemos aquí. Bajo este nuevo ambiente de zozobra, pienso que nuestro trabajo tiene aun mas sentido. Debemos continuar, trabajar con la gente, construir la paz.